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Título: Barrio lejano Guión y dibujo: Jiro Taniguchi Barrio lejano (título original: harukana machi he) es un cómic manga del japonés Jirō Taniguchi publicado en 1998. Existe una traducción al español, en dos tomos, realizada por Keiko Suzuki y M. Barrera y adaptada gráficamente por Frédéric Boilet en la editorial Ponent Mon (2003). Recibió en 2003 el premio Alph'Art del mejor guión en el Festival del Cómic de Angulema. Ponent Mon hace ya casi tres años que encendía la mecha, con la ayuda un par de años antes de Planeta DeAgostini con la publicación de El Almanaque de mi Padre, de una Taniguchi-manía que, actualmente, sigue en la cresta de la ola. La edición de Barrio Lejano, posiblemente la obra de más calidad de Jiro Taniguchi editada hasta la fecha en España, vuelve a ser un claro ejemplo de cómo una imagen vale más que mil palabras. Sin embargo, esta obra, al contrario de la situación propuesta en El Caminante, sí ofrece una historia narrada a través de sus personajes y en pasado. Principalmente de uno, Hiroshi Nakahara. Un hombre triste por la monotonía de su vida que le envuelve sin darse cuenta. Una monotonía que sólo se desquebraja en los brazos de la hipnotizadora bebida tras una reunión de negocios. Y así comienza. Con un Hiroshi resacoso, abatido y, en cierta manera, desesperanzado por una vida que no parece dirigirse a ninguna meta concreta. Impresionado por la nueva edificación de la estación de tren de la “Florencia Japonesa“, Kyoto, que denota un tono sumamente irónico, pues el protagonista regenta un estudio de arquitectura y diseño, Hiroshi acaba cogiendo un tren equivocado que no le lleva a Tokyo. Su destino será su pueblo natal, Kurayashi. Una vez allí, contrariado por su despiste ferroviario, decide explorar, en el poco tiempo del que dispone, aquellos lugares que visitaría una y otra vez a lo largo de su singular infancia. Muy a su pesar, prácticamente todo ha cambiado y no logra identificarse con ninguno de los parajes que antaño le resultaran familiares. Todos esos recuerdos de su época estudiantil se agolpan en su mente y le hacen sentirse avergonzado ante la falta de visitas a la tumba de su, prematuramente, fallecida madre. La imagen de la lápida le provoca preguntas que en ningún momento anterior tuvieron una respuesta coherente. ¿Fue feliz su madre en vida? ¿Por qué su padre les abandonó sin explicaciones? Dos cuestiones fundamentales que marcarán su viaje en el tiempo. Hiroshi, apenado, cae profundamente dormido en el cementerio para despertar en una realidad transformada. Hiroshi se despierta siendo de nuevo un estudiante, con la espectacular sorpresa que ello le depara. Sin apenas tiempo para acostumbrarse a aquella nueva, mas antigua, realidad, Hiroshi se encuentra, literalmente, reviviendo su vida a los 14 años, pero con la experiencia de un hombre maduro. Breve tiempo después, “acostumbrado” a su nueva vida, Hiroshi se adentrará en una serie de experiencias que le pasaron desapercibidas en el pasado, pero que se la antojan ahora reconfortantes ante el sentimiento de nostalgia de los acontecimientos. Asistir de nuevo a las clases, ir a la playa con su hermana pequeña Kyoko, reencontrarse con los antiguos compañeros, sentir el tintineo del amor con Tomoko o ver juntos a sus padres de nuevo. Todo bajo el paraguas del abandono paterno y sus dolorosas consecuencias posteriores que, en vano, intentará evitar. Por medio de su abuela descubre que su padre, Yoshio, fue un antiguo combatiente en el frente de Birmania, debiéndole la vida al primer marido de su madre, cuyo matrimonio se había celebrado tan sólo un día antes de su destacamento. El padre de Hiroshi, en deuda con el difunto marido de Kazue, devuelve las cenizas a su madre. Las circunstancias personales de ambas personas les llevan a convivir juntos, aunque es un matrimonio mucho más endeble emocionalmente de lo que aparenta desde el exterior. Hiroshi, toma la decisión de seguir a su padre en sus desplazamientos profesionales con tal de descubrir las ocultas razones que llevarían a su progenitor a perpetrar un abandono traumático. Aunque no consiga su objetivo final, Hiroshi observará con claridad que su vida real tiene gran semejanza con la de su padre, la falta de motivación. La desdicha sufrida tan a flor de piel y por partida doble hará que desarrolle un enfoque mucho más sereno, pero también vivaz, respecto a su existencia y a su familia. Jiro Taniguchi vuelve a jugar con los sentimientos del lector como lo haría una película de Spielberg. Su facilidad a la hora de cambiar de registro, reflejado especialmente en los personajes secundarios, es realmente absorbente. Característica que también se ofrecería en los diferentes relatos de El Olmo y el Cáucaso. Sin embargo, no faltarán esas secuencias lentas y llenas de nostalgia, que no sin ritmo, al más puro estilo Sam Mendes en su “belleza americana“. Con el mismo estilo de dibujo, sobrio, claro, podríamos añadir que incluso reluciente en algunas secuencias, Jiro Taniguchi se gana el corazón de los lectores, imbuyéndoles de una tranquilidad casi utópica, irreal. A destacar de nuevo el gran trabajo sobre los fondos, con una profundidad y realismo desmesurados. Afortunadamente, Jiro Taniguchi está recibiendo, quizás algo tarde, un merecido reconocimiento en nuestro país. Lejanas quedan sus primeras obras editadas por Planeta DeAgostini (Hotel Harbour View, Sobrevivir A Una Nueva Era Glacial). Fue editada en Japón por Shogakukan en 1998 y Ponent Mon nos la ofrece en dos tomos de 14 euros cada uno y una edición de auténtico lujo, a destacar especialmente por la gran calidad del papel. |